La décima musa: el arte del fuego y las ollas

El descubrimiento de un nuevo plato hace más por la felicidad de la humanidad que el descubrimiento de una nueva estrella. Estrellas hay ya bastantes.

Jean Anthelme Brillat-Savarin

Por Alona Gullbina

“Reallistic watercolor painting” (Eric Christensen)

Las nueve musas, las hijas de Apolo cuyos nombres dudosamente recordamos, inspiraron y patrocinaron las artes de la Grecia Antigua. Como sabemos, para los griegos existían nueve artes. Pasaron siglos y siglos, y el número mágico se desactualizó: el significado de la palabra arte se amplifica hasta que, en el siglo XVIII, un romántico jurista francés escribe el primer tratado (Fisiología del gusto) sobre la gastronomía como un arte. Para no quedarse atrás y seguir la corriente, inventó una décima musa, a quien llamó Gasterea, para que desde entonces se encargue de este sutil arte que requiere inspiración: la gastronomía.

Vivimos en una realidad en la que todo puede llamarse arte, pero si lo definimos desde  el punto de vista de una persona aficionada, como yo, por un lado, el arte es la expresión de los estados internos del artista realizada con un alto grado de perfección en alguna esfera relacionada con la imagen, el sonido, el movimiento, el habla y la performance, y, por otro lado, es la capacidad de contemplar y apreciar la obra artística. La apreciación, como la capacidad de percibir y experimentar respuestas emocionales, requiere una organización neuronal específica, tallada por el río del tiempo llamado evolución. En este sentido, los seres humanos, tenemos todos los requisitos necesarios para, en nuestra apreciación, convertir la miel en sol, y los pasteles en besos.

El arte activa en nuestro cerebro todo tipo de emociones que, siendo canalizadas por la vía de la contemplación, no llegan a afectar negativamente nuestros estados psíquicos (como podría ser en la vida real), pero enriquecen nuestra vida emocional. Es una magnífica y única forma de crear emociones positivas – o negativas en dosis estimulantes —  sin la experimentación real.

La base de nuestra supervivencia y de nuestro aprendizaje son los centros cerebrales de las necesidades vitales, las necesidades de supervivencia; porque al satisfacer estas necesidades, el cerebro nos premia con las emociones positivas que nacen en las corrientes dopamínicas de las sinapsis neuronales, para que sigamos cumpliendo con nuestra fisiología sin pensarlo mucho. La alimentación siempre ha sido vital, así que los centros cerebrales del hambre y de la saciedad son unos de los más antiguos.  Las sensaciones negativas que experimentamos cuando nos falta comida, pronto llegan al nivel del dolor, mientras las emociones positivas después de comer inspiraron los sueños de las tierras benditas de la miel y la leche.

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“Olive” (Elena Narkevich)

La temática de la comida la encontramos en todas las corrientes artísticas, porque nos gusta ver la comida, la gente cocinando o comiendo; incluso, nos gusta ver cómo nace la comida, de dónde procede. Los cuadros que cuentan historias de hambre, nos causan una profunda compasión. Así que no es una sorpresa que crear comida nos llene de felicidad. Y es el motivo por el cual nosotros los humanos no nos conformamos con inventar las formas de procesar los alimentos para hacerlos más nutritivos y digeribles, sino que fuimos mucho más allá: llevamos la necesidad biológica básica al nivel de la expresión y desarrollo personal para la exploración de territorios externos e internos.

La gastronomía no es un mero elemento cultural, es un fenómeno que personifica la sabiduría de cada pueblo, revela sus sueños y miedos, refleja sus estilos de vida, su visión del futuro, sus raíces profundas, sus leyendas y mitos.

Como todas las artes, la culinaria evoluciona junto con el desarrollo de la civilización, se ramifica respondiendo a la demanda social, se especializa de acuerdo con las necesidades locales, se preserva como un elemento de identidad nacional. La culinaria puede ser exótica, elitista, tecnológica, pero todas estas ramas tienen algo en común: las obras de este arte son efímeras: la expresión personal solo puede ser reportada en forma de una receta, o replicada por los seguidores, pero el original nunca durará más de lo establecido por las leyes de la vida orgánica. El artista culinario cada día se levanta a crear sus obras maestras y la mejor forma de expresar nuestra admiración por su obra, es, básicamente, la velocidad con la que la vamos a destruir (es decir, a comer). Solo imagínense ¿qué sería de un poeta, o de un pintor si su producción artística se apreciara de esta manera? Si el arte sobrevive y florece en estas condiciones tan deprimentes, es porque es un Gran Arte.

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“Picnic” (Fernando Botero)

La inspiración culinaria nunca se apaga, porque juega con todos nuestros sentidos, con sus colores, olores, sabores, texturas y sonidos envueltos en la magia de la individualidad del cocinero. Nos llena de sensaciones agradables cada vez que vemos un nuevo plato, probamos nuevas combinaciones y disfrutamos la arquitectura de la creación.

Vivimos en tiempos bendecidos por la musa Gasterea, no sólo porque ahora la comida sana y variada es accesible, sino porque podemos ver las fotos de los platos de todo tipo, que estimulan nuestra imaginación gustativa y olfativa, los videos con las instrucciones para preparar lo más complicado del mundo, podemos leer o ver las historias gastronómicas que suceden ahora mismo en la otra esquina del planeta (por si alguien pensó que creo en la tierra plana, noooo… es una metáfora). Y que nadie nos diga que tomar fotos de la comida es de mal gusto o una cursillería. No es así, es natural querer compartir la felicidad. No sorprende que las redes sociales están inundadas de reportajes sobre desayunos, almuerzos y cenas: no es el primitivismo de las mentes de nuestros contemporáneos, son sus neuronas que cantan las canciones con el ritmo de la dopamina, la sustancia de la felicidad.


Imágenes: Internet

Autor: Mapas Gourmet

Mapas Gourmet es una revista digital de gastronomía, viajes y estilo de vida, que diseña un mapa propio para guiarte en un mágico recorrido por los más "exquisitos" destinos de dentro y fuera de México, donde comer, viajar y vivir son las vivencias a compartir...

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